lunes, 28 de abril de 2008

domingo, 17 de febrero de 2008

Carnets

X

La camisa se prende a mi cuello mientras voy tras aquellos ojos.


René Chautebriand

La vejez es un ave cansada; ya casi no alcanza a ver el cielo… sólo divisa tierra.


Alcestis

En la celda fría de mi cuerpo ya no arde la hoguera de otros dedos.


Friedrich Nietzsche

Con la imitación gana prestigio todo lo que carece de valor, y lo que tiene valor, lo conserva o ¿quién sabe qué obra nueva engendrará? Es la vida, recordadlo, un libro lleno de capítulos inacabados.


Li Po

Alta en el cielo, aquella nube es como gasa, gasa de vapor y viento que deslíe un recorte de labios.


Gastón Baquero

¡Créeme, necesito quitarme la vida… para dejar de jugar a un ajedrez inventado sobre el abrigo lunático de tu piel!


Wislawa Szymborska

La tibia luz azul de aquel establo, donde la niña ordeñaba una vaca, aún sigue parpadeante en mi sueño, intacta.

jueves, 7 de febrero de 2008

martes, 5 de febrero de 2008

domingo, 16 de diciembre de 2007

La cocina literaria. Cholent y yantar de boda morisco

"(...) El cholent se prepara dorando cebolla y rehogando luego con ellas unas judías o habichuelas. Se pone harina para espesar, agua, sal, pimienta y pecho de vaca. Y unos huevos sin cascar, que cuando se sacan de la cazuela, se pelarán y se servirán partidos en cuatro trozos junto a lo demás. Más o menos, esto era el plato del sábado y también podía llamarse "adafina" que sólo significa "caliente", aunque más bien debía de estar fría y con este sentido ha quedado en el lenguaje de algunas zonas castellanas, en las que comer de frío o llevar merienda se llama aún "comer de adafina" o "ir de adafina" (...)"


"(...) Guerra de Lorca nos ha dejado una descripción en un yantar de boda morisco, y, en él, abundan los platos condimientados con miel y pasas y la carne rociada de aceite y luego puesta la brasa, dulces con queso, y rellenos de ciruelas y manzanas. Comían también, con frecuencia, unas gachas hechas con leche de almendras y pistachos con miel y arroz; y otras gachas más modestas de trigo y leche; y rosquillas, en el Ramadán, muy parecidas a las nuestras, confecciondas con harina, manteca, levadura, azúcar y alcaravea , y otros dulces con piñones y almendras. Pero, sobre todo, eran aficionadísimos a las hortalizas -Lope de Vega mismo se reía de su gusto por la lechuga- y a los limones y naranjas, cosas que los cristianos viejos temían que los moriscos sembraran en sus tierras de secano, produciendo una catástrofe, porque esos cristianos viejos las consideraban como productos que de nada servían a la humana sustentación. (...)"

Sobre judíos, moriscos y conversos, José Jiménez Lozano (Ámbito, 1989)